Beyoncé Knowles

Entrevistas


EL CUERPO (Y EL CEREBRO) DE DESTINY’S CHILD CALIENTA MOTORES COMO ACTRIZ EN «AUSTIN POWERS: EL MIEMBRO DE ORO». HARÁ FUROR

Viernes 13 de septiembre de 2002
Beatrice Sartori.

NO COMER CHOCOLATE. Esa es la única tortura que Beyoncé Knowles recuerda del rodaje de la tercera entrega de Austin Powers: El miembro de oro. Gracias a semejante privación (que rompió inmediatamente al escuchar el último «¡Corten!» de boca de Jay Roach), fue capaz de airear su perfecto ombligo, tremendos muslos y rotundo trasero en la película que la consagra como una nueva estrella del celuloide más pop. Lo demás, flirtear con Sir Michael Caine, besar en la boca de dientes podridos de pega a Mike Myers, salvar al mundo mundial y tocarle lascivamente la calva a Mini Me fueron, en sus palabras, «placeres cómicos indescriptibles». Después, enorme carcajada.

Recostada en un sofá del londinense Hotel Dorchester, la líder de Destiny’s Child se muestra como lo que es, una burbujeante joven de 21 años (cumplidos el pasado día 4) alejada del cliché de diva a lo Britney o J-Lo, que no se corta ni para preguntar dónde me he comprado el estudiado modelito que llevo en la entrevista. Ella luce jeans Dutchess, diseñados por ella misma y su madre, Tina (especialista en glitter), con lema brillante en el trasero que proclama su signo del Zodíaco, Virgo. Debajo, botines plateados de infinito tacón. Encima del ombligo y cubierto por una cazadora vaquera, un minisujetador abarrotado de strass. Despide tanto brillo, que para mirarla es necesario posicionarse tras las gafas de sol más ahumadas del mercado.

Chispeante y divertida, Knowles se dedica a comentar cuánto de ella hay en Foxxy Cleopatra, su personaje en el filme, y viceversa: «Cuando me dijeron que podría hacer una prueba para la película, alquilé un montón de títulos en vídeo de la blaxploitation de los 70. He querido construir el personaje en homenaje a Pam Grier y Cleopatra Jones, ídolos de la generación de mi madre. Luego, le he puesto mi ritmo físico e interior, mis ideas estéticas y una feminidad muy mía, pero que bebe de la de Tina Turner». Concretando: suya es la idea de vestirse con exiguas minifaldas, shorts y tops, todos ellos megabrillantes, aunque para ello tuviera que cortar un modelo insultantemente dorado de Bob Mackie allí donde los muslos apenas comienzan. Bueno, también hay que tener en cuenta su aportación a la banda sonora. El tema Work It Out es suyo, ejecutado con esa sensualidad que la ha convertido en un icono pop femenino.

HOMENAJE CAPILAR. Pregunta obligada: ¿Qué hay de esa peluca afro? Tras la famosa carcajada marca Beyoncé, en plan rugido de pantera, exclama: «¡No es sólo peluca, la mitad del pelo es mío! Elegí, con la estilista Kimberley Kimble, un tono entre dorado y miel, me aplicó las extensiones, lo rizamos todo a la vez y lo dejó ir por todos lados en plan leona. Aprovecho desde aquí para subrayar mi admiración por las mujeres que llevaron el afro en los 70, con su pelo natural, ejemplo de todas las reivindicaciones por las que luchaban».

Su lucha, ahora, es bien distinta: lanzar su disco en solitario, preparar el próximo con Destiny’s Child (no hay disolución, asegura), negar todos los romances que se le atribuyen («Jay-Z y yo volamos a Francia sólo para cenar»), estrenar en el resto del mundo la opera hip-hop Carmen que rodó para MTV («Es una historia tan violenta y sensual que en mi país sólo la podrán ver los mayores de 13») y rodar una comedia musical con Cuba Gooding Jr. Dice Myke Myers que ha nacido una estrella. Tras contemplarla en su esplendor glitter, habría que precisar que ella es una galaxia completa.


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